sábado, 29 de agosto de 2020

Mis cristoaventuras

 Cristo vino a mí y cambio mi vida. Esa es probablemente la última frase que, quien me conozca, esperaría escuchar de mis profanos labios. Soy un feliz ateo que a la pregunta de ¿por qué soy ateo? Respondo que porque me criaron católico. Pero hubo una ocasión, oh, hermanos míos, en que estuve así de cerquita.

Debía estar en sexto de primaria y mis papás, con bastante frecuencia, no podían ir por mi a la escuela debido a esa enfermedad del mundo adulto llamada trabajo, o laburo, en dialecto argentino. Cuando había lana, o pasta o plata, contrataban al señor del transporte escolar que nos montaba en una combi que iba más apretujada que las del transporte público, y nos daba un espacio fantástico que era una extensión de la escuela más allá de lo escolar, ibas con los compañeros, con los uniformes, pero sin maestras y con un adulto que iba más atento al camino y a entregar sus ruidosos paquetes, que a guardar una disciplina "pedagógica". En ese lindo limbo entre la escuela y la casa, desarrollábamos habilidades tan importantes como masticar papas fritas hasta tener una masa espesa en la boca, que luego sacábamos entre los labios formando un churrito, al tiempo que un compañero movía la mano junto a tu cabeza como girando una manivela, simulando una especie de máquina de puré de papas fritas que hacía a la mitad de la compañía renegar de asco y a la otra mitad, partirse de risa. Pero había veces que en la casa andábamos brujas (que en dialecto chilango quiere decir vacío de dinero) o alguna otra cosa, que no se podía lo del transporte escolar. Entonces le pedían a los papás, o jefes, de mis amiguitos que nos llevaran a su casa, donde comíamos y jugábamos y evitábamos hacer la tarea hasta que mis papás podían ir por mi.

Bueno, un día llegó a la escuela un niño migrado de tierras con nombres extraños, Ciudad de México y Guadalajara, que traía un defecto análogo a mi catolicismo, era cristiano. Nos hicimos amigos sin pensar demasiado en esos asuntos de las religiones, mismos que aún nos parecían muy naturales y no cuestionábamos del todo. En algunas ocasiones, mis padres le habrán pedido a los suyos que los apoyaran, o tiraran paro, recogiéndome de la escuela. Y pues resulta que a mi amigo lo pasaban a votar a los grupos juveniles de la iglesia y a mí, con él. Para mí era muy interesante, una experiencia casi antropológica, estos cristianos por lo menos sí leían su biblia y no la murmuraban de manera soporífera entre gritos admonitorios del infierno y del mal del pecado (mito que, afortunadamente, luego desenmascaré), pero, sobre todo, tenía un grupo de pares con quienes convivir por las tardes. Mi infancia fue en su mayoría muy solitaria, pasé muchas tardes en el pequeño negocio de mis papás, inhalando involuntariamente los solventes y tinturas que se utilizan en una imprenta y que alguna de sus propiedades estupefacientes habrá predispuesto mi joven mente al pensamiento teórico y filosófico que cuajó en mi peluda adolescencia.

Y bueno, pues así las cosas, que le agarré gusto a acompañar a mi amigo a la dichosa iglesia cristiana. Un día, o debo decir casi una noche, porque la luz ya se iba, a los líderes de la congregación les pareció buena idea mandarnos a evangelizar, o algo así. Aunque no recuerdo la instrucción precisa que nos hayan dado, el objetivo era volver con nuevas almas para el rebaño o, por lo menos, esparcir la buena nueva con suficiente fe como para que los desprevenidos peatones pudieran, tarde o temprano, sentir el llamado. Armados con unos trípticos que habrán impreso con el espíritu del cartucho de la impresora, porque no se veía ni madres, o casi nada, y nuestros pueriles rostros doceañeros, nos dejaron ir libres por las calles en parejas de dos y tríos de tres.

Hoy por hoy miro ese momento y supongo que debieron ser verdaderos creyentes, porque mira que dejar a un grupo de quince o veinte niños bastante menores de edad dispersarse en grupos pequeños por las calles para hablar con desconocidos, bueno, no se explica por otra cosa que mucha fe o mucha irresponsabilidad, o la particular mezcla de las dos juntas que es tan común. Total que salimos a realizar la obra y los otros cristianitos iban comentando a voces que volverían con ríos qué digo ríos, mares, qué digo mares, océanos de nuevas y felices almas que encontrarían por las calles, deseosas de ser convencidas.

Obvio valían pa puras madres, o casi no le logró el objetivo, pero eso mi amigo y yo no lo sabíamos. Caminábamos los dos por la colonia aledaña evitando peatones, porque la instrucción era ir con la gente que encontráramos, pero si nosotros casualmente cambiábamos de banqueta y la persona, oh, mala suerte, seguía caminando por la banqueta original en lugar de cambiar también para encontrarnos del otro lado, entonces se podía decir que, técnicamente, no habíamos encontrado a nadie. Pero conforme Tonatiuh descendía del cielo y diositocristojudáico lo miraba con celos por no poder ser el único dios sobre la faz de la tierra, yo me preocupaba por mi amigo que volvería a la iglesia sin haber convertido ni una sola alma, ni al alma de un perrito callejero. Así que tomé valor y le dije, con la voz de pito que todos tenemos a esa edad, que yo quería, que a mí me convirtiera.

El pobre se quedó de a cuatro, o de a seis o muy pinches confundido, y titubeante dijo que él suponía que entonces teníamos que hacer una oración. Y supongo que algo oramos y nos regresamos a a la iglesia donde ninguno de los otros mocosos había traído ni a una de las mil personas que prometieron llevar y, yo, que ya había hecho mi oración.

Y nada, que toda la siguiente semana no sabía cómo decirle a mis papás que era cristiano, o traía un pedo atravesado. En algún momento solté ante alguno de ellos un escueto y vozpitero, "creo que quiero ser cristiano". Eso ya les habrá asustado bastante, pero nada como la tarde que llegaron los papás de mi amigo, o le cayeron, con sendos libros de cristianismo que debían continuar la labor, o jale o talacha, que había empezado su hijo, o chilpayate. A mí ni me avisaron que estaban allí ellos, y supongo que a ellos les habrá caído el veinte al ver la jeta de mis rucos, que nanáis niguas con sus rollos. Igual dejaron unos libros con portada de nubecitas y yo los guardé en mi librero sin la más remota intención de leerlos.

Lo que sí pasó, fue que luego llegó una tía mía, mujer muy culta y formadora de lectores, que tenía rato que me prestaba sus libros más adecuados para niños y me regaló El Mundo de Sofía. Estuvo a toda madre, o muy chido, y fue mi primer puente para leer libros que hablaban de filosofía, o mariguanadas, y de historia y de sociología y de pedagogía, o profesiones poco rentables. Supongo que mis apases le habrán contado el asuntito y ella, que era más atea que el pinche diablo, habrá dicho, mejor que este niño sea chairo a que sea aleluyo. 

Y de ahí pal real, o desde aquel entonces, me clavé en esas onda y hasta terminé enseñándolas. ¿No fue a caso Cristo quien me enseñó el camino, aunque fuera !pal otro lado!?

Los caminos del señor son inescrotables.

miércoles, 5 de agosto de 2020

¿Quiénes son lo parásitos? (II)

Quedó pendiente de la entrada anterior el tema del asesinato del señor Park por el señor Kim y cómo eso también encaja en la teoría de que los parásitos son los Park. La definición biológica dice que el parásito se alimenta del huésped debilitándolo, pero sin llevarlo a la muerte. Los Park, como parásitos, no llevan a ninguno de sus sirvientes a la muerte.

Primero veamos un poco el riesgo de muerte. A los pobres, el riesgo les viene de los otros pobres, como cuando la familiar Kim y Moon-gwang y su marido pelean, pero también les viene nomás por existir, por necesitar un lugar donde vivir. Los Kim viven en un sótano miserable en el que es difícil acceder al internet que utilizan para conseguir trabajo (que es condición para la vida) y que se inunda cuando llega la gran lluvia, misma que entre los ricos Park no tiene ningún efecto más que arruinarles el día de campo. O sea, hasta la naturaleza se los madrea.

Para Moon-gwang y su esposo, un tipo completamente raro, no es posible completar los dos ingresos que les permitan tener un hogar propio, así que viven escondidos en el bunker secreto de la casa, lo que al cabo los deja vulnerables ante la llegada de los Kim y conduce a ambos a la muerte. Por cierto, que si el hijo de los ricos Park creciera para convertirse en un tipo igual o más raro que el esposo de Moon-gwang, no quedaría en tal situación de vulnerabilidad. Las familias ricas con miembros inadaptados, pueden cuidarlos y procurarlos por toda su vida, sin mayor riesgo. Así que son los pobres los que están constantemente a disposición de los otros y, además, en riesgo de muerte, como los huéspedes.

Pero viene la cuestión del asesinato. Y aquí hay que aclarar algo, nada de esto pretende justificar las acciones inmorales de ricos ni de pobres, dentro ni fuera de la película. Luego van a decir que justifico el asesinato del personaje rico porque soy comunista y no. Quien miente, miente. Quien mata, mata. Quien se gana el pan, se gana el pan. Lo que pretendo, es explicar que no es lo mismo mentir, matar o ganarse el pan siendo los ricos Park que siendo los pobres Kim y que eso no tiene nada que ver con el esfuerzo que ponen unos u otros, sino con la condición social en que nacieron, por eso desde la entrada anterior insisto que los Kim trabajaban más duro que nadie.

Justo antes del asesinato, el señor Park y el señor Kim está agazapados detrás de los arbustos, listos para fingir que son indios en el juego de vaqueros del hijo de los Park. El señor Park dice algo así como: “Qué cosas ridículas hay que hacer por la familia” Y lo dice disculpándose, como si le diera penar poner al señor Kim a hacer eso.

¿Cómo habrá entendido esa declaración el señor Kim? Para ese momento el señor Kim ya había tenido que ser un experimentado chofer de lujo, y lo hizo por su familia, ya había fingido no estar emparentado con su familia, y lo hizo por su familia, ya había peleado cuerpo a cuerpo contra otro hombre, y lo hizo por su familia, y podríamos agregar mil cosas más a la lista. El señor Kim es un hombre de familia, más que muchos otros y habiéndoselo ganado a pulso (de hecho, su familia entera es una “familia de familia” dispuestos a apoyarse hasta el final). Es más ¿qué no daría el señor Kim por tener un jardín en el que poder hacer fiestas con los amigos de la familia durante las cuales hacer cosas ridículas que alegren el ánimo de todos? Parecería que esa vergüenza que el señor Park muestra, hace dudar al señor Kim sobre quién es su interlocutor. ¿Quién será esta persona que se dice padre de familia y que no puede mostrar el entusiasmo más básico?

Entonces el señor Kim regresa a un tema que ya habían tratado antes, y dice algo así como: Usted sí ama a su mujer, si está dispuesto a esto. Parecería que el señor Kim está dispuesto a entender que tal vez la personalidad del señor Park le impide sentir demasiado entusiasmo por la idea de disfrazarse durante la fiesta, al fin y al cabo, todos tenemos nuestros caprichos. Y esto parecería comprensible, en el marco del amor a la familia y, en especial, a la mujer. Como decir “bueno, entiendo que no te fascine jugar a los indios y vaqueros, pero no pasa nada si lo haces por amor a la familia”.

Esa frase es como si el señor Kim extendiera la mano y dijera “venga, sí somos muy diferentes, pero más allá de ser rico y pobre, podemos tener esto en común.” Si pudieran coincidir en ese aspecto del amor a la familia, el señor Kim podría encontrar un punto en el que sentirse identificado con el señor Park y trazar una alianza más allá de la clase social. Pero en lugar de una respuesta que le deje ver que hay un valor compartido, el señor Park omite el tema y le ofrece dinero a cambio de esas horas de trabajo fuera de lo normal.

¿Cómo habrá entendido esa declaración el señor Kim? El señor Kim acaba de explicar lo que para él debe ser el valor más alto por el que actúa un hombre y, a cambio, recibió la respuesta del dinero. La ocasión anterior en que había preguntado por el mismo tema, el señor Park decidió evadir al asunto con un tono como diciendo “usted no lo entendería”, en un tono que claramente implicaba que no estaba enamorado de su esposa y, tal vez ya poniéndole mucha imaginación, que agregaba algo como “usted que es gente simple no lo entendería”.

Al vivir en esa grande y moderna casa ¿cuál es el punto de tener todo lo que se quiere, si no se quiere todo lo que se tiene? Tal vez esto le revela al señor Kim que esa vida de los Park, no es la vida bella de una familia feliz que está adicionada con dinero, así como a un buen taco se le adiciona salsa para mejorarlo y sin modificar su esencia. Sino que el dinero es, en realidad, todo lo que hay allí; la felicidad de los Park es una ilusión construida sobre el estatus y el dinero y si esto se acabara, probablemente los Park no sobrevivirían manteniendo el tipo de unidad que mantiene a los Kim juntos a través de la dificultad.

El señor Park no sólo logra bloquear toda posibilidad de identificación entre él y el señor Kim, sino que además logra que el señor Kim quede en la actitud correcta para, unos instantes más tarde, identificarse con el raro esposo de Moon-gwang, despertando esa consciencia de clase que la escuela soviética aplastó con entusiasmo.

Viene la escena de acción de la película. El esposo de Moon-gwang emerge del sótano y toma un cuchillo, camina hasta el jardín, donde, antes de que el señor Park y el señor Kim puedan montar la escena de indios y vaqueros, acuchilla a la hija de los Kim. Tras ver el asesinato, el hijo de los Park cae desmayado. Un invitado, suponiendo que el esposo de Moon-gwang es sólo un loco, intenta detenerlo, pero el hombre se defiende y lo acuchilla. El padre de los Park corre y levanta a su hijo desmayado con la intención de llevarlo al hospital, pasando junto al cuerpo de la hija de los Kim, acuchillada en el corazón, sin pensar siquiera en llevarla también. El padre Park recuerda que no trae las llaves del auto y se las pide al señor Kim, quien en ese momento intenta detener la hemorragia de su hija con las manos. El señor Kim le arroja las llaves al señor Park pero, en medio de la refriega, la madre de los Kim apuñala al esposo de Moon-gwang y las llaves quedan bajo del hombre moribundo. Entonces, el señor Park se acerca y gira al moribundo para sacar sus llaves, pero no puede tolerar el olor del hombre que ha vivido los últimos años encerrado en un sótano y se tapa la nariz para poder terminar de tomar las llaves.

¿Cómo habrá entendido esto el señor Kim? El señor Park pasó junto a un niña que acababa de ser apuñalada en el corazón y la ignoró, en cambio, tomó a su hijo que sólo se había desmayado (y no digo que un padre no se preocupe por su hijo en esa situación, pero en lugar de pedirle las llaves a Kim, pudo decirle, “ven corre, trae a tu hija y llevemos a todos al hospital”). Además, el señor Park le acaba de demostrar hace unos segundos que el amor por la familia no le resulta realmente valioso. Es decir, Kim presencia a un hombre que ignora la vida a punto de perderse de alguien y que ignora el entregarse por amor, pero que, en medio de una situación así, sí tiene tiempo de hacerle fuchi al olor que la gente pobre tiene porque ese es el olor de quien vive en circunstancias duras.

No hay que olvidar que el señor Park ya se había quejado antes del olor del señor Kim – en aquella escena en que la familia Kim está debajo de la mesa de sala, mientras el matrimonio Park tiene relaciones sexuales en el sillón. Y antes aún, el hijo Park había dicho que todos los empelados domésticos olían del mismo modo (llevando a la familia Kim a inventar alguna locura para cambiar su olor corporal, porque incluso eso es necesario para entrar al mundo de los ricos).

Entonces es que el señor Kim se da cuenta que para los ricos, los pobres son todos iguales, todos apestan. El gesto del señor Park revela que a los ricos no les molesta que los pobres vivan en condiciones difíciles, sino que la pobreza interrumpa su experiencia estética de vida pulcra e inmaculada. (Hay que recordar cómo hace unos días uno de los asistentes a la marcha del frente anti AMLO dijo en su tuiter, haciendo referencia a los autos de lujo en los que muchos circularon, que la marcha fifí había sido más estética que las marchas chairas.)

Es entonces que queda claro para el señor Kim no sólo que no hay un solo punto de coincidencia social en la que pueda identificarse con el señor Park, sino que en esa pobreza que lo hace igual al esposo de Moon-gwang, ni siquiera en la muerte merece respeto por parte del señor Park. Entonces lo mata. El parásito nunca mata al huésped, porque lo necesita para vivir, pero el huésped mata al parásito cuando se han cansado de que le chupen la sangre.


viernes, 17 de julio de 2020

¿Quiénes son los parásitos? (I)

*Espóiler aler*

Ya tiene rato que salió "Parásitos" de Bong Joon-ho, ya sé voy tarde. Pero es que después de meses, estuve hablando con unos conocidos y resulta que entendimos toda la película completamente al revés. Según estos conocidos (y parientes) míos, los parásitos son la familia Kim, los pobres, y según yo, lo parásitos son la familia Park, los ricos. Luego pregunté entre más amistades y sólo unos pocos habían entendido lo mismo que yo. Así que decidí escribir una entradita sobre el tema, pero resultó que en el proceso, pues salieron dos entradas. Y aquí va la primera.
Tras ver la película se pensará, bueno, la familia Kim no tenía trabajo, mientras que la familia Park tenía mucho dinero. Y la familia Kim se las arregló para sacarles dinero de una manera que muchas veces implicaban mentir y fingir. ¿No es eso ser unos parásitos? Pues no es así, los parásitos de la película son la familia Park y me propongo demostrarlo, para lo cual necesito que se tenga en mente una definición de parásito que dice que se trata de un organismo que se alimenta de otro organismo huésped sin llegar a matarlo.
Pensando en esa definición, comienzo. En la película, los pobres se pelean por servir a los ricos. Las detalladas estrategias de la familia Kim para lograr que los Park despidan a todos sus sirvientes, son propiamente planes de guerra con recolección de inteligencia y ejecuciones con la precisión de un grupo de fuerzas especiales (por no hablar de los momentos en que de hecho los Kim pelean físicamente – y hasta la muerte – con la vieja ama de llaves y su marido), pero, de nuevo, todo este increíble despliegue de estrategia y fuerza – que los ricos Park no tienen que hacer para conseguir nada – está destinado a nada más que quedarse con lo que en la mesa de los ricos son mera migajas.
Aquí tengo que conceder que los Kim sí que comen de los Park, lo que parecería indicar que los Park son el organismo huésped y los Kim son los parásitos que se alimentan. Veamos antes de apresurar conclusiones, unas cosas más. Cuando hay un huésped y un parásito, el que pelea por la supervivencia y lleva la carga más pesada es el huésped; todo el punto de ser un parásito, es no tener que esforzarse demasiado. Y antes de ver los otros argumentos hay que prevenir otra cosita, la familia Kim es una familia que no deja de luchar para sobrevivir. Un ojo malacostumbrado a no poner atención en las películas, podría concluir que los Kim son unos flojos que buscaron el modo más fácil de ganarse la vida. Pero la primera escena demuestra literalmente cómo antes de conocer a los Park, ya estaban haciendo todo lo que fuera posible para conseguir trabajos, buscando la señal de internet en los lugares más extraños para pedir trabajos y armando montañas de cajas de pizza a cambio de cantidades miserables de dinero. Tanto antes como después de conocer a los Park, los Kim no paran de trabajar. Eso es un comportamiento más de huésped que de parásito.
Volvamos a las fantásticas estrategias de los Kim para deshacerse de los empleados de la familia Park, estas funcionan porque para los ricos, los pobres son reemplazables. Podemos imaginar que incluso si la película no terminara del modo en que termina, tarde o temprano los Park se hubieran visto en la necesidad de reemplazar a sus nuevos sirvientes Kim, y lo habrían hecho igual que con los anteriores, con un dejo de lejana preocupación o incluso de molestia, pero sin tomar demasiado a pecho la pérdida. Para estos ricos, los pobres sólo son piezas que cumplen una función práctica en la comodidad de su vida y, de donde salieron estos, hay bastantes más que están dispuestos a hacer el trabajo. Del mismo modo, son los parásitos los que buscan huéspedes como piezas reemplazables. Los pobres no están en la misma situación, para ellos una familia rica no es meramente una pieza más que sólo cumple una función, no la pueden reemplazar fácilmente por otra.
Aunque parezca lo contrario, los pobres no dependen de los ricos, del mismo modo en que huésped no depende del parásito. Sí es cierto que en un momento dado, los Kim llegan a obtener todo su ingreso de los Park, pero antes de eso aún eran capaces de lograr su manutención, aunque el esfuerzo diera menos frutos. En realidad, si pensamos en todo el empeño que pasaban antes (el armado de cientos de cajas) y el empeño que pasaron después (cumplir con los perfiles de alta exigencia de los padres Park), los Kim hacen casi la misma cantidad de trabajo antes y después de conocer a los Park. Lo que sucede es que da mejor resultado trabajar para los ricos que para la pizzería.
Si los pobres necesitaran a los ricos, como un parásito necesita a un huésped, tendríamos una relación uno a uno, cada familia Kim tendría una familia Park. Pero eso no es cierto, hay miles y miles de pobres que no dependen de una familia rica, sino que se las arreglan por sus propios medios. Por otro lado, al iniciar la película, los Park ya tenían un grupo de sirvientes pobres atendiéndolos y es evidente que si se vieran en la necesidad de hacer todo el trabajo del servicio por ellos mismos, no lo lograrían. Así que los ricos sí necesitan de los pobres, como un parásito necesita de un huésped.
Esta facilidad de reemplazo nos lleva a otra diferencia, los ricos pueden poner cuantas reglas quieran a los pobres, Park Dong-ik (el padre rico) puede darse el lujo de exigir un chofer que pueda conducir por la ciudad mientras él mantiene una taza llena de café en la mano sin que esta se riegue al dar una vuelta ni frenar. Kim Ki-taek (el padre pobre) necesita estar a la altura de las exigencia del señor Park, lo que nos revela que en verdad había sido conductor antes y que tenía una habilidad muy fina para la conducción. Park Yeon-kyo (la madre rica) puede vivir en su mundo fantástico en el que su hijo es un gran artista que tiene una personalidad caprichosa por su genio escondido, y no porque sea un niño demasiado mimado, mientras que Kim Ki-jung (la hija pobre) tiene que inventar y actuar permanentemente un personaje de niñera-experta en arte que le de sustento a esa idea descabellada. Nada de esto quiere decir que los pobres sufran por hacer estas cosas, es cierto que a veces se divierten preparando los engaños que le presentarán a los ricos. Pero sí es cierto que es una situación en la que los pobres tienen que hacer cualquier cosa necesaria para satisfacer las exigencias de los ricos – falsear diplomas, fingir que no son familia, tener excelente habilidades de manejo y esperar viviendo en la pobreza a que llegue el momento de actuar – mientras que los ricos no tienen que hacer nada para satisfacer ninguna necesidad de los pobres (y es que los pobres, más que exigencias o caprichos, tienen necesidades).
Ahora, tampoco quiero decir que la familia Park sean unos buenos para nada, obviamente el padre es muy exitoso en lo que hace y debe tener también habilidades y conocimientos muy importantes, pero una diferencia es que los ricos pueden poner sus saberes y habilidades al servicio de sí mismos y obtener un pastel, mientras que los pobres tienen que poner su saberes y habilidades al servicio de los ricos, para poder obtener las migajas. El parásito pone sus capacidades al servicio de sí mismo, mientras que el huésped las pone al servicio de ambos.
Si pensamos en Moon-gwang (la vieja ama de llaves) ella había logrado que los ricos sí se adaptaran a una de sus necesidades: que no hubiera duraznos en la casa, dada su alergia. Entonces es todavía más significativo que la única ocasión en que una personaje pobre puede mostrar su debilidad, esta es utilizada en su contra como parte de la guerra de los pobres. Y aunque es cierto que la familia Kim engaña a la señora Park para pensar que la enfermedad de Moon-gwang es muy grave y no debería estar cerca de los niños, también es cierto que la señora Park nunca desarrolló un interés genuino y suficiente por su empleada, como para poder corroborar lo que estaba sucediendo. En este sentido los pobres se vuelven personas moldeadas para los ricos, y los ricos son personas que moldean a otras para sí mismos; cualquier imperfección en los ricos se convierte en un capricho que será aprobado y satisfecho por los pobres, cualquier imperfección es los pobres es una debilidad que los pone en riesgo. Así, los Park gozan de todos los servicios de los Kim sin tener que hacer más que pedirlos, y los Kim hacen cualquier clase de esfuerzo descabellado con tal lograr un trabajo.
Todo esto me recuerda a los migrantes indocumentados en los EUA, que cruzan un desierto, un río, huyen de los animales salvajes, sobreviven a la deshidratación, dejan a sus familias, sobreviven al narco y a las policías de todos los países, para poder llegar y tener derecho a trabajar, se chingan como nadie para poder tener acceso al trabajo ¿Quiénes llevan la mejor parte y quiénes se esfuerzan más?
Falta ver cómo encaja en todo esto el momento del asesinato del señor Park a manos del señor Kim, pero eso quedará para la siguiente entrada.